Cada mirada era un pacto silencioso, un juego de sombras y luces que encendía su deseo. Sin embargo, la cautela lo mantenía alerta; sabía que un paso en falso podría desvanecer esa conexión. La ternura era un arma de doble filo, y él estaba decidido a no dejarse herir.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario