Relatos

martes, 11 de febrero de 2025

Un encuentro en la playa.

Lo vio un día en la playa, tomando el sol. Su cuerpo bronceado le daba una apariencia más salvaje. Desearía comprobar si todo su cuerpo estaba bronceado, pero cuando estaba a punto de acercarse, se incorporó y se fue al agua. Al cabo de media hora, volvió a la toalla y se puso de espaldas. Ella, nerviosa, se puso a una distancia prudencial, pero lo suficientemente cerca para observarlo con satisfacción. Un cuerpo increíble, fuerte, atlético; lo deseaba. Lo llevaba siguiendo semanas, admirando su postura, su temple y su carisma.

Ella se armó de valor y decidió acercarse un poco más. Con cada paso, su corazón latía más rápido. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, se sentó en la arena, fingiendo estar absorta en su libro. Sin embargo, no podía evitar mirarlo de reojo. Él, ajeno a su presencia, se relajaba bajo el sol, sus músculos tensándose y relajándose con cada movimiento.

De repente, él se giró y sus miradas se encontraron. Ella sintió un escalofrío recorrer su espalda. Él le sonrió, una sonrisa cálida y amigable que la hizo sentir más segura. "Hola," dijo él, su voz profunda y suave. "¿Te importa si me siento aquí?"

Ella asintió, incapaz de articular una palabra. Mientras él se acomodaba a su lado, ella se dio cuenta de que él podía ser afín a sus deseos.

Buscaba un perfecto caballero, amigo y amante, pero se dio cuenta de que cuanto más intentaba forzar un encuentro, antes desaparecían todos los maromos a quienes se había ofrecido. Solo buscaban sexo, pero no compromiso, así que guardó silencio y esperó.

"¿Qué lees?" —preguntó él, sonriendo, pues se había dado cuenta de que tenía el libro del revés.

"Los secretos de Diotima "—dijo ella, emocionada.

"Ah, de Sócrates. Te resultará un poco complicado" —le dijo, dándole la vuelta.

Ella se ruborizó e hizo ademán de irse, pero él la retuvo. 

"Espera, espera, no he pretendido molestarte, pero parecías tan enfrascada en la lectura que no he podido menos que preguntar" 

Ella se relajó un poco, agradecida por su amabilidad. "Gracias," dijo, sonriendo tímidamente. "Es un libro interesante, aunque un poco difícil de entender."
 
Él asintió, mirándola con interés. "Me llamo Garrett, por cierto."

"Audrey" respondió ella, sintiendo que su nerviosismo se desvanecía poco a poco.

Pasaron un rato hablando sobre libros y filosofía, descubriendo intereses comunes y riendo juntos. Audrey se sorprendió de lo fácil que era hablar con Garrett, como si se conocieran desde hace mucho tiempo.

"¿Te gustaría dar un paseo?" preguntó él de repente, señalando la orilla del mar. "El agua está perfecta hoy."

Audrey asintió, sintiendo una mezcla de emoción y nerviosismo. Se levantaron y caminaron juntos hacia el agua, dejando atrás las toallas y los libros. La brisa marina era refrescante y el sonido de las olas les envolvía en una burbuja de tranquilidad.

Mientras caminaban, Garrett le contó historias de sus viajes y aventuras, y Audrey se dio cuenta de que había encontrado a alguien especial. Alguien que no solo era atractivo, sino también interesante y amable.

Cuando el sol comenzó a ponerse, se detuvieron y se sentaron en la arena, observando el horizonte. "Ha sido un día increíble," dijo Audrey, mirando a Garrett con una sonrisa.

"No tiene por qué terminar. Te invito a cenar y me cuentas más sobre "Los secretos de Diotima", dijo Garrett sonriendo amablemente.

M. D. Álvarez

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