Relatos

martes, 11 de febrero de 2025

El protector.

Mientras él se acercaba a la barra, ella no podía apartar la mirada de sus ojos azules, que ahora la observaban con una mezcla de curiosidad y algo más profundo. Cuando llegó a su lado, él le ofreció una sonrisa ladeada, esa que parecía reservada solo para ella
“¿Te encuentras bien?” preguntó él, su voz suave pero firme.

“Perfectamente,” respondió ella, sintiendo un calor inesperado en sus mejillas. “Gracias por… bueno, por todo.”

"Siempre es un placer ayudar a una dama en apuros,” dijo él, inclinándose ligeramente hacia ella. “Pero dime, ¿por qué te gustan tanto las peleas?”

Ella se mordió el labio, pensando en cómo responder. “Supongo que me gusta la adrenalina, la emoción… y ahora, quizás, la compañía,” dijo, mirándolo a los ojos.

Después de esa conversación, la tensión entre ellos se volvió palpable. Él la invitó a salir del bar para caminar por las calles iluminadas por las luces de la ciudad. Mientras paseaban, compartieron historias de sus vidas, descubriendo que tenían más en común de lo que imaginaban.

Ella le habló de su pasión por cuidar a los luchadores y cómo encontraba belleza en la fuerza y la vulnerabilidad. Él, por su parte, le confesó que, aunque disfrutaba de las peleas, buscaba algo más en la vida, algo que le diera un propósito más profundo.

La noche avanzó y, bajo un cielo estrellado, él tomó su mano y le dijo: “Quizás, juntos, podamos encontrar ese propósito.” Ella sonrió; sabía que había dado con el luchador perfecto del que cuidaría, amaría y satisfaría en todos los sentidos.

M. D.  Alvarez 

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