Relatos

domingo, 26 de enero de 2025

Unicornio aéreo y terrestre.

Su enorme cuerno le daba una característica fabulosa y mágica; sus doradas crines, un aspecto noble, y su denso pelaje de tono caoba lo hacían parecer divino. Pero no era ni un ser noble ni divino; tan solo era un hermoso unicornio de las nubes. 

Con sus ojos azules centelleando, galopaba por los cielos, surcando las grandes alturas, hasta que un día vio allá abajo, en la tierra, una preciosa hembra de unicornio de tierra, cuyas crines grises ondeaban al viento. Su color de ojos era ambarino y su pelaje, del más inmaculado blanco. El unicornio de aire descendió a la tierra y se acercó a la preciosa unicornio, que, viéndolo tan gallardo, lo aceptó en su manada. 

Fue recibido con alegría, ya que los unicornios de tierra veneraban a los unicornios de aire. La hembra líder de los unicornios de tierra lo eligió como pareja por su brío y bravura. 

Era un gran semental que cubriría las necesidades de la hembra, dando hermosos bengalas de preciosos colores, terrenos y aéreos; podrían cabalgar tanto en tierra como en el aire.  
M. D. Álvarez

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