Ella, que siempre había sido su favorita, ahora no le servía de nada; por eso, no le sorprendió que la arrojara al cubo de la basura.
—Que pase la siguiente", oyeron al joven y apuesto aprendiz de matasanos. Todos nos quedamos pensando: ¿Quién es la siguiente?
Él se asomó a la puerta y dijo: —No tengo todo el día, que pase la número 50". Era la más jovencita y, extasiada por sus ojos azules, entró y jamás salio...
M. D. Álvarez
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