Aquel era un acontecimiento extraordinario, un estallido de tal magnitud que era, además de inusual, inconcebible. Cuando los astrónomos vieron la magnitud de la explosión, supieron al instante lo que significaba: la extinción total de nuestra parte del cosmos.
Pese al dramatismo, era un espectáculo digno de admirar. Su fulgor podía ser visto a plena luz del día. La población ignoraba lo que ocurría y se maravillaba de los hermosos colores que tenían nuestros cielos. Se optó por no comunicar nada a las autoridades para no crear una alarma mundial.
Además, no se podía hacer nada ya que, según los observatorios, la onda expansiva nos alcanzaría en tres días y no había nada en el mundo que pudiéramos hacer.
M. D. Álvarez
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