La noche se tornaba cada vez más oscura y la protagonista, presa de la impaciencia, no podía esperar más.
Se paseaba de un lado a otro por la habitación, su mente invadida por imágenes del hombre que la había cautivado.
De pronto, escuchó un ruido en la puerta. Su corazón comenzó a latir con fuerza mientras se acercaba sigilosamente. Al abrir, se encontró con él, tal y como lo había soñado.
Una sonrisa pícara se dibujó en sus labios y, sin mediar palabra, la tomó entre sus brazos. La pasión se apoderó de ellos y sus cuerpos se unieron en un abrazo ardiente.
La noche se llenó de gemidos y susurros de amor, mientras la protagonista finalmente lograba saciar su deseo más ferviente.
M. D. Álvarez
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