Relatos

sábado, 26 de julio de 2025

Lazos de confianza.

—No te soltaré, le dijo para tranquilizarla mientras ella se asomaba a aquel barranco. No sabía cómo se había metido en aquella situación; a ella no le gustaban las alturas y estaba a punto de descender el barranco más complicado de todos. Por suerte para ella, él era su instructor y podía confiar en él. Celebraban su vigésimo quinto cumpleaños y quería celebrarlo con algo que nunca había hecho. Ella lo miró y se dio cuenta de que él estaba sonriendo. 

—No sabía que te daban miedo las alturas —dijo con una encantadora sonrisa.

—No, no me dan miedo —dijo ella y comenzó a descender en rápel. A mitad de camino, se percató de que no había inspeccionado el cierre de seguridad del anclaje y se puso tensa. Él llegó a su altura y le preguntó:

—¿Todo bien?

—Creo que no he inspeccionado el cierre de seguridad del anclaje.

Él tomó su cuerda y la enganchó a su arnés de seguridad. Los dos terminaron de descender hasta el final del barranco. Ella estaba nerviosa; había cometido un error de principiante..

—No te preocupes, no te ha visto nadie —dijo él, viendo la cara de preocupación—. Además, a mí me pasó lo mismo la primera vez, pero no tuve a ningún instructor que me ayudara y caí desde una altura de 10 metros; me rompí la pierna por tres sitios —dijo, desenganchando el el mosqueton de sujeción de su arnés.

M. D.  Álvarez 

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