Relatos

martes, 3 de junio de 2025

La cadete 2da parte

Angie sintió un torrente de emociones al ser presentada ante su nuevo grupo. La intensidad de la mirada del comandante la llenaba de determinación, pero también de nerviosismo. Sabía que tenía un gran desafío por delante. Debía demostrar su valía no solo ante aquel grupo de cadetes, sino ante su superior, a quien admiraba no solo por su rango, sino por ser el comandante más joven y mejor preparado del planeta. Había seguido su carrera meteórica desde soldado raso hasta el rango de comandante.

Los diez cadetes la observaban con una mezcla de curiosidad y escepticismo. Algunos parecían dispuestos a aceptar su presencia, mientras que otros mostraban un aire de desdén, como si no pudieran concebir que una mujer pudiera estar a su nivel.

El comandante, aún con el ceño fruncido, dio un paso atrás y se cruzó de brazos, esperando ver cómo se desarrollaba la dinámica.

—Primero —comenzó Angie, con voz firme—, quiero que sepáis que estoy aquí para trabajar con vosotros, no contra vosotros. Todos estamos en este camino juntos, así que espero que podamos apoyarnos mutuamente.

El grupo permaneció en silencio durante un momento, y luego uno de los cadetes más altos, con cabello rubio y una actitud desafiante, dio un paso al frente.

—¿Y qué te hace pensar que puedes ser parte de este grupo? ¿Acaso crees que solo porque el comandante te ha elegido eso significa algo? —preguntó con desdén.

Angie se mantuvo erguida, sin dejarse intimidar.

—No necesito que me aceptes. Solo necesito demostrar mi valía en el campo —respondió con seguridad.

El resto del grupo intercambió miradas; algunos parecían impresionados por su respuesta. El comandante sonrió levemente al escucharla; era exactamente la actitud que quería ver en su nueva recluta.

—Muy bien —intervino el comandante—. A partir de mañana comenzaremos el entrenamiento físico. Quiero ver quién tiene lo necesario para formar parte del grupo Punta de Lanza. Angie, si no superas las pruebas, no dudaré en retirarte. Y tú —se volvió hacia el cadete rubio—, espero que estés listo para lo que venga.

La tensión en la sala era palpable. Angie sintió cómo los ojos del grupo se volvían hacia ella, evaluándola. Pero en lugar de sentirse abrumada, se sintió más determinada que nunca. Sabía que tenía mucho que demostrar y estaba dispuesta a darlo todo.

Al día siguiente, el entrenamiento comenzó al amanecer. Los cadetes se alinearon en el campo bajo la mirada atenta del comandante. La primera prueba consistía en una carrera de resistencia a lo largo de un sendero accidentado. Angie respiró hondo y se preparó mentalmente.

La señal sonó y todos salieron disparados. Al principio, luchó por mantener el ritmo entre los hombres más grandes y fuertes, pero pronto descubrió su propio ritmo y comenzó a avanzar entre ellos. El sudor corría por su frente mientras sus piernas ardían con el esfuerzo, pero no iba a rendirse.

Al llegar al final del recorrido, se dio cuenta de que había superado a varios cadetes. Se sintió invadida por una oleada de satisfacción mientras cruzaba la línea de meta justo detrás del rubio desafiante.

Él la miró sorprendido y se acercó a ella mientras recuperaba el aliento.

—No está mal para una mujer —dijo, esta vez sin sarcasmo en su voz.

Angie sonrió levemente y respondió:  
—No está mal para ninguno de nosotros.

A medida que avanzaban las semanas de entrenamiento, Angie demostró ser excepcionalmente talentosa en diversas áreas: desde tácticas militares hasta habilidades físicas y estratégicas. Su dedicación comenzó a ganar el respeto de sus compañeros cadetes poco a poco.

Sin embargo, también enfrentó desafíos constantes; cada vez que cometía un error o fallaba en una tarea específica, algunos aún murmuraban a sus espaldas. Pero el apoyo del comandante siempre estuvo presente; él defendía su posición sin dudarlo y siempre estaba dispuesto a entrenarla personalmente cuando era necesario.

Una tarde durante una sesión de tácticas en equipo, Angie tuvo la oportunidad de demostrar lo que había aprendido. El grupo estaba dividido en dos equipos para simular un combate estratégico. Ella lideró a su equipo con confianza y astucia; sus decisiones rápidas y efectivas llevaron a su equipo a la victoria sobre los otros cadetes.

Cuando terminó el ejercicio, los rostros del grupo estaban llenos de asombro y respeto.

El comandante se acercó a ella después del ejercicio y le dio una palmada en la espalda.

—Bien hecho, cadete Angie. Has demostrado tu valía hoy —dijo con sinceridad—. Ahora espero más liderazgo por tu parte dentro del grupo Punta de Lanza.

Angie sonrió ampliamente; sabía que había ganado algo más que solo respeto: había comenzado a forjar amistades fuertes entre sus compañeros cadetes y había encontrado su lugar dentro del equipo.

El comandante se sintió orgulloso; sabía que lo que había visto en ella era lo que su equipo necesitaría para los futuros combates. Los doce serían la primera defensa en enfrentarse a fuerzas muy superiores.

M. D. Álvarez 

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