Relatos

lunes, 2 de junio de 2025

Adonis y Daphne

—Como la vuelvas a molestar, te vas a enterar, refirió él, furioso.  

—¿Molestarla a ella? ¿Qué más quisiera? Al único que me apetece molestar es a ti, dijo aquel mancebo de torso marfileño que lo miraba con cara pícara.  

Eso lo descolocó momentáneamente, pero, con todo el tacto del que fue capaz, le dijo que no estaba interesado; le iban más las chicas.

—"¿Más las chicas? Vaya, eso es un cliché," respondió el mancebo, cruzando los brazos con una sonrisa desafiante. —"Quizás deberías abrirte a nuevas experiencias."

—"¿Nuevas experiencias? ¿Y qué sugieres, que me apunte a un curso de baile o algo así?" replicó él, intentando mantener su seriedad.

—"No, algo más emocionante," dijo su amigo, acercándose un poco más. —"Tal vez un par de copas y dejar que las cosas fluyan."

—"¿Y tú crees que eso va a cambiar mi preferencia por las chicas?" preguntó él, aunque una parte de él se sentía intrigado.

—"No lo sé, pero podrías descubrir algo nuevo sobre ti mismo," contestó el mancebo, guiñándole un ojo antes de dar un paso atrás. 

—"Lo dudo mucho," respondió él con una risa nerviosa, aunque en el fondo la idea lo hacía pensar. Sin embargo, desechó aquellos pensamientos; él solo era de ella, la bella Dafne, quien lo colmaba de atenciones y mimos. "Lo dicho: no tienes nada que hacer conmigo y a ella ni la mires," refirió él, viéndola llegar rodeada de un séquito de dulces doncellas.

El mancebo se apartó; él conocía a la bella Dafne y sabía cómo se las gastaba cuando alguien se acercaba a su Adonis en busca de algo más que conversación.

M. D. Álvarez

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