Relatos

jueves, 26 de junio de 2025

Justicia salvaje.

Los pillaron retozando dulce y acarameladamente en plena pradera, donde pensaban que la hierba cubría sus cuerpos. Él la besaba con ternura desmedida, mientras ella lo cubría de caricias e insinuaba sus deseos a su semental, que dócilmente la acariciaba con deseo. 

Los encontraron en plena faena los cazadores, con lividinosos y lascivos deseos. Los separaron y dejaron inconsciente con una piedra al joven aguerrido, que se debatía por proteger a su compañera, dejando mal parados a siete de los veinte cazadores que terminaron de desfogarse con ella de las formas más salvajes. 

Cuando terminaron, los dejaron tirados. Ella, malamente, se arrastró hacia donde permanecía inconsciente su amado, lo besó con dulzura y cubrió la brecha de su cabeza. Cuando él recuperó el conocimiento, se avergonzó por no haber logrado defenderla de aquellos salvajes. 

Ella lo retuvo; sabía que su sangre ardía de furia, los encontraría a cada uno y les haría pagar los abusos a los que habían sometido a su novia. Pero lo principal era llevarla al hospital. 

La cogió en brazos y la llevó hasta donde habían dejado su vehículo. Ella estaba preocupada por su herida, que no dejaba de sangrar. Una vez en el hospital, los médicos la atendieron y a él le cosieron la herida. Cuando estuvieron en la habitación, ella le pidió que se quedara, que no quería estar sola.  

Él permaneció a su lado hasta que se durmió. Lo que tenía que hacer no debía saberlo, pues la conocía y sabía que no aprobaría tal acción.  

Volvió al lugar del crimen y buscó pruebas. Logró encontrar varios indicios de al menos 10 individuos, los rastreó y los castró a todos por haber forzado a su compañera. Faltaban otros 10, pero debía volver antes de que ella se despertara. Los localizaría, de eso estaba seguro; les haría pagar a todos. Nadie se atrevía a tocar a su reina e irse de rositas.

Al día siguiente, ella despertó con una sensación de vacío y dolor, pero también con una determinación férrea. Sabía que su amado no descansaría hasta hacer justicia, pero temía por su seguridad. Decidió que no podía quedarse de brazos cruzados.

Mientras él seguía su rastro, ella comenzó a investigar por su cuenta, utilizando sus contactos y habilidades para localizar a los otros diez agresores. Descubrió que se escondían en una cabaña abandonada en las afueras del pueblo.

Se encontraron en el lugar del crimen, ambos sorprendidos de ver al otro. Él, con una mezcla de orgullo y preocupación, le pidió que se marchara, pero ella se negó. Juntos, planearon su siguiente movimiento.

Con astucia y precisión, lograron infiltrarse en la cabaña y enfrentaron a los agresores. La lucha fue feroz, pero su amor y determinación les dieron la fuerza necesaria para vencer. Al final, lograron acabar con los otros diez violadores. La venganza había sido saciada tanto por él como por ella.

Sabían que el camino hacia la sanación sería largo, pero estaban decididos a recorrerlo juntos. Su amor, más fuerte que nunca, les daría la fuerza para superar cualquier obstáculo.

M. D.  Álvarez 

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