Su solo nombre asusta, pero ellos eran confiados y no veían el mal. Solo bastó una ojeada del Phirolhas para sumir en el terror y el caos aquel espacio-tiempo. Sus más de 90 metros de altura, cuerpo de gorila, brazos y piernas de lagarto, pero con escamas de fuego, cabeza de toro con ojos llameantes y una espantosa cola terminada en horribles cabezas de serpientes.
Los pobres habitantes se vieron abrazados por el mero hecho de haber invitado a tan dantesca y destructora criatura, que solo conocía el mal más puro y espeluznante.
Sacado de su infierno y hogar, se dedicó a sumir en el caos más aberrante a aquel espacio-tiempo que solo quería mostrar algo de bondad.
M. D. Álvarez
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