Relatos

domingo, 23 de marzo de 2025

El laberinto.

Lo había perdido de vista tan solo unos segundos y ya no lo veía. Corrió para ver si lo alcanzaba, pero se adentró cada vez más en el gran laberinto con muros de setos impenetrables. No dio con él e intentó volver por el mismo camino, pero se perdió aún más.

Él se había dado cuenta de que ella se había perdido. La oyó llamarlo; estaba a un par de encrucijadas de él y le dijo que no se moviera, que iba a por ella.

Había descubierto un pasadizo secreto que no figuraba en el mapa. En dos minutos, estaba justo detrás de ella. La cogió de la mano y la arrastró dulcemente tras él, llevándosela al pasaje secreto que los condujo al centro del laberinto, donde se hallaba un antiguo templete ornamentado con rosas rojas.

M. D. Álvarez 

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