Relatos

martes, 18 de febrero de 2025

Amenazas.

Se machacaba todos los días en el gimnasio, forzando al máximo su cuerpo. Tenía que estar preparado contra posibles actos terroristas; su equipo contaba con él. 

Cuando salió del hospital, le esperaba una comitiva donde estaban todos sus amigos, y ella también estaba. 

Sus miradas se cruzaron, reflejando la última vez que se vieron, cuando un comando terrorista se hizo fuerte en el salón de la fama. 

Él y su equipo los sacaron con gases lacrimógenos. Cuando creían que ya estaban todos fuera, oyó un grito; el último la había cogido como rehén. Él utilizó una bomba de humo, los localizó, redujo al terrorista y la sacó de allí sana y salva.  

—¿Estás herido?— le preguntó ella, viendo su camiseta empapada en sangre.  

Justo en ese momento, se desmayó; el terrorista lo había herido, seccionándole la arteria axilar.

Un día, mientras realizaba su rutina de ejercicios, recibió una llamada inesperada. Era ella. Su voz sonaba preocupada, pero también había un tono de urgencia.

—Necesito verte —dijo ella—. Hay algo que debes saber.

Se encontraron en un café cercano. Ella le explicó que había recibido amenazas desde el incidente en el salón de la fama. Alguien estaba decidido a vengarse, y ella temía por su vida.

—No te preocupes —le dijo él, tomando su mano—. No dejaré que te pase nada. Estamos juntos en esto.

A partir de ese momento, él redobló sus esfuerzos, no solo por él mismo, sino por ella. Sabía que la amenaza era real, y estaba decidido a protegerla a toda costa.

M. D. Álvarez 

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