Su temeridad era legendaria; había derrotado a las sombras que embargaban su gran corazón noble. Solo tuvo una oportunidad para demostrar que podía cambiar el curso de su aciaga historia y no la iba a desaprovechar. Ella lo esperaba al otro lado, en el portal más lúgubre y oscuro de todos los aparecidos en el transcurso de su vida.
Se lanzó sin miedo ni temor, pues por sus venas corría sangre de lobo y nunca abandonan a su manada, y ella era su manada. No podía creer que se la hubieran llevado al rincón más oscuro y angosto del submundo aberrante y traicionero.
Ella lo amaba, y sabía que iría a rescatarla; no tenía duda alguna. Él siempre salía airoso de todos los percances, y la pasión que había entre ellos dos era inenarrable.
Él se lanzó a través del pasadizo que lo llevaría cruzando los reinos más terroríficos y atroces hasta el gran reino del terror, donde ella lo esperaba esperanzada. Allí luchó salvajemente con adversarios poderosos que intentaban apartarlo de ella. Aunque herido, logró derrotarlos a todos y llevársela de nuevo consigo a su reino de paz, donde ella curó sus graves heridas con amor y ternura.
Continuará...
M. D. Álvarez
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