Relatos

miércoles, 25 de diciembre de 2024

Ojos violetas. 2da parte.

Aquellos ojos habían marcado mi aciago destino: ni hombre ni lobo, solo una mezcla de los dos, y todo ello por la curiosidad de aquella criatura que los observaba sin ser vista. 

Pero yo lo intuía; cuando crecí, me propuse encontrar al dueño o dueña de tan dantesca mirada. Una noche de luna llena, después de mi primera transformación, sentí que me observaban y me giré. 

Allí estaban aquellos perniciosos ojos de color violeta, pero no distinguía su cuerpo hasta que la luz de la luna iluminó el claro. Era una criatura especialmente hermosa; sus facciones cálidas no mostraban la fiereza de sus ojos. 

Su cuerpo sugerente parecía presto a atacarme, pero parecía contenerse. En un abrir y cerrar de ojos, desapareció en el espeso bosque. 

Salí veloz tras ella; me debía una explicación porque me había privado de mis padres y dejado que creciera solo y aislado. Si no obtenía respuesta, la mataría por el dolor causado a mis padres.

M. D.  Álvarez 

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