Pero no aprendimos nada de aquel desbarajuste, lo volvimos a hacer en nuestro segundo hogar al que bautizamos con el rimbombante nombre de Gea. También sucumbimos a la acariciaba y al pillaje.
Pero esta vez tomamos la debida precaución de no llevarnos a las orejas negras o manzanas podridas, y nos trasladamos a nuestro tercer hogar al que todavía no hemos puesto nombre.
Espero que cuidemos mejor de él que como lo hicimos en nuestros dos planetas anteriores. Acabamos de llegar y es un planeta inmenso y hermoso. Me arrodillé y besé su fino césped azul, el aire es fresco y limpio. Volvemos a comenzar una nueva singladura en este gran planeta al que me gustaría bautizar como "Ble gi", que en griego significa "Tierra azul".
M. D. Álvarez
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