A ella le atraía el terror y sus matices oscuros, e iba plasmando en papel todo lo que ocurría y salía de su imaginación. Se sentía afín con la historia oscura de aquella cabaña.
Su espíritu era oscuro, tenebroso y lúgubre; en la oscuridad encontraba el sosiego que le hacía falta. Sin esa paz del alma, podría destruir su perfecto mundo de color y, con ello, a su familia.
Por eso, se refugiaba en su cabaña oscura, donde sus pensamientos funestos y aterradores eran liberados para que camparan por su reino, que se había reducido al único lugar donde ella era feliz.
M. D. Álvarez
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