Relatos

martes, 26 de noviembre de 2024

Hechizado por ella.

Hechizado por la luna, permanecía observándola extasiado por su fulgor. Allí, en pie ante su dulce guardiana, comenzó a sentir cómo su cuerpo cambiaba en oleadas de dolor. 

Con cada onda, su cuerpo se resquebrajaba y rompía para dar salida a su espíritu ancestral: un gigantesco licántropo que amaba la vida en libertad, pero también amaba a la mujer que lo esperaba todos los días. 

Por eso, al amanecer, el gran licántropo volvía al interior del humano que lo protegía durante el día. 

El mismo humano que le había inculcado el amor por algunos seres humanos, el mismo que amaba a aquella preciosa y deliciosa mujer por la que compartían un amor ancestral, por la que los dos darían su vida sin pensárselo dos veces.

M. D. Álvarez 

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