Su trabajo los llevaba por todo el planeta e intentaban coincidir en los mismos lugares apartados donde se buscaban y se amaban dulce y pausadamente.
Él era geólogo y ella era tasadora de gemas. Los dos se habían enamorado en una exposición de gemas donde ella era una autodidacta y él prestó toda la atención a todas las explicaciones que ella le estaba dando.
Al terminar la exposición, él la invitó a una cafetería donde siguieron hablando entre sonrisas cómplices.
Él la acompañó a su hotel y, cuando se iba a dar la vuelta e irse, ella lo besó apasionadamente, introduciéndolo en la habitación donde pasaron toda la noche haciendo el amor plácida y calmadamente. Fue el primero de muchos escarceos amorosos que tuvieron durante cuatro años.
Hoy en día, siguen viéndose de manera esporádica; sus encuentros amorosos eran el acicate que les hacía falta para seguir juntos, aunque sus jefes desconocían su relación.
M. D. Álvarez
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