Relatos

miércoles, 27 de agosto de 2025

Una cena y algo más.

No sabía lo bien que le quedaba aquella negligé de satén rojo. La había invitado a una cena y todavía se preguntaba cómo habían pasado del comedor a su habitación. Siempre había sentido algo por ella, y ella lo sabía. Se había puesto un precioso vestido de seda rojo con zapatos Jimmy Choo a juego. Adoraba verlo descolocado y nervioso, pero conocía la docilidad con ella .

El ambiente estaba impregnado de un suave aroma a vino tinto y velas encendidas, creando una atmósfera perfecta para la intimidad que ambos anhelaban. Él se pasó una mano por el cabello, intentando recobrar la compostura mientras la miraba con admiración. Aquella negligé de satén rojo abrazaba su figura como si hubiera sido hecha a medida, resaltando cada curva con elegancia.

—No puedo creer que estés aquí —murmuró, su voz apenas un susurro.

Ella sonrió, un destello travieso en sus ojos. —¿Y por qué no? Siempre has querido que esto sucediera.

Él se acercó un poco más, sintiendo la tensión en el aire. —Lo sé, pero nunca pensé que llegaría este momento. 

—¿Y qué piensas hacer al respecto? —preguntó ella, dando un paso hacia él, su mirada fija en la suya.

La proximidad hizo que su corazón latiera más rápido. Él tragó saliva y tomó aire. —Quiero… quiero que sepas cuánto significas para mí.

Ella arqueó una ceja, divertida. —¿Solo eso? ¿Después de toda esta cena y el vino?

Él soltó una risa nerviosa. —Quizás debería ser más directo.

Sin pensarlo dos veces, se inclinó hacia ella y capturó sus labios en un beso suave pero intenso. Ella respondió con calidez, haciendo que cada duda se desvaneciera. 

Cuando se separaron, ambos respiraban entrecortados, con sonrisas cómplices. Ella jugueteaba con el borde de su negligé mientras decía: —Ahora sí me has dejado sin palabras.

—Eso era precisamente lo que quería lograr.

Ella lo miró con picardía y un toque de desafío en sus ojos. —¿Y ahora qué? ¿Vas a llevarme a la cama o solo vas a quedarte aquí disfrutando del momento?

Él sintió cómo el calor subía a sus mejillas, pero la determinación lo invadió. —Te prometo que no te decepcionaré.

Con una sonrisa cómplice, tomó su mano y le indicó el camino hacia la habitación. Cada paso era un juego de seducción y promesas no dichas. Al cruzar el umbral, él supo que esa noche cambiaría todo entre ellos.

M. D. Álvarez 

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