Relatos

sábado, 9 de agosto de 2025

Juguetón.

No tenían tiempo de aburrirse; después de cada misión, tocaba redactar los informes, pero aquello era cosa suya. Ella lo esperaba hasta altas horas de la noche, cuando él cerraba la sesión y volvía a casa. Aún le dedicaba un rato a jugar con su lobo.

Ella no entendía cómo era posible que jugara con su tótem de forma tan cariñosa y no se diera cuenta de que ella se moría de ganas de que jugara con ella, pero a un juego que ella dominaba.

Con sus artes de mujer, deseaba doblegarlo, pero se aguantaba. Sabía que en algún momento él sentiría unas ganas irrefrenables de jugar con ella, pero no sabía que ella tenía una gran persuasión y haría que él fuera dócil y obediente..

M. D.  Álvarez 

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