Relatos

martes, 19 de agosto de 2025

Ensayo clínico.

Sobre la mesa, había un vaso con un líquido granate y, al lado, la medicación que todos los días ella le dejaba, religiosamente, preparada para cuando él llegara de sus entrenamientos.

Su falta de apetito y su constante interés por fortalecer su musculatura lo hacían un candidato para el ensayo clínico, ya que era portador de una enfermedad degenerativa.

Él miraba el vaso con desconfianza, recordando las veces que había ignorado las advertencias sobre los efectos secundarios. Sin embargo, la idea de ser parte de algo más grande lo intrigaba. ¿Y si su sacrificio valía la pena? El entrenamiento lo había llevado al límite, y aunque su cuerpo se fortalecía, su mente también necesitaba esa misma fortaleza.

Mientras se sentaba a la mesa, la luz del atardecer acariciaba su rostro. El recuerdo de ella sonriendo mientras le preparaba la medicación lo llenó de calidez. Sabía que ella creía en él y en su potencial. Con un suspiro profundo, tomó el vaso y se lo acercó a los labios. El líquido granate brillaba como una promesa de cambio.

“Hoy es el día”, pensó. Se prometió a sí mismo que no solo sería parte del ensayo, sino que también demostraría que podía superar cualquier obstáculo, por ella y por su futuro.

M. D. Álvarez 

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