El reto de atrevimiento era el más complicado para él, a pesar de su apariencia atrevida; era muy tímido, especialmente con las mujeres. Sus amigos, conocedores de su timidez, le retaron a besar a una chica. Él, tan solo con pensarlo, se ruborizaba.
Le gustaba una preciosa morena de ojos verdes que bebía los vientos por él, pero no conocía su timidez, aunque se dio cuenta de que la evitaba por algún motivo. Un día, le hizo una encerrona: lo pilló a solas en uno de los lugares más privados. ¿Dónde creéis? Pues sí, en un cuarto de baño. Le preguntó: "¿Por qué me rehúyes?"
"No te rehúyo", dijo él, sintiendo que comenzaba a ruborizarse. "Es que soy muy tímido y tú me impones". Ella se acercó un poco más hasta situarse a su altura y le dio un beso apasionado, hasta que notó que su rubor disminuía.
M. D. Álvarez
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