Relatos

viernes, 13 de junio de 2025

El ciclo sin fin.

La capacidad de sufrimiento de aquella especie era digna de encomio; su vida conllevaba un potencial poco común: la capacidad de renacer con todos los recuerdos anteriores intactos. Sin embargo, no todos los individuos de aquella especie llevaban implícito ese potencial; tan solo un único ejemplar englobaba tales capacidades.

Aquel ser, conocido como el Ungido, era objeto de leyendas y mitos. Cada vez que moría, su cuerpo se desintegraba en un resplandor cegador, solo para reaparecer en un lugar distante, intacto y con todos sus recuerdos.

Esta habilidad lo convertía en un ser casi inmortal, pero también en un paria. La gente lo temía y lo veneraba a partes iguales. Su existencia era un recordatorio constante de la fragilidad y la esperanza.

En cada renacimiento, el Ungido buscaba un propósito, una razón para su interminable ciclo de vida y muerte, esperando encontrar algún día la paz que tanto anhelaba. Su dolor se acentuaba con cada renacimiento, hasta el punto de ser casi insoportable.. Pero ese era su destino, uno que solo él debía soportar. Lo condenaba a un ciclo sin fin de nacimientos y muertes infinitas.

M. D.  Álvarez 

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