En aquel recoveco se situó el pescador. Era uno de los muchos saltos de agua con los que debía enfrentarse. El primer ejemplar de salmón dorado llevaba unos tres saltos de agua cuando percibió un sugerente y jugoso gusano. Se lanzó en su persecución sin saber que estaba siendo atraído hacia una muerte segura, pero peleó como un jabato, luchando por un bocado suculento.
Cuando lo tuvo en la boca, se percató de que no era un gusano cualquiera; se le enganchó en las agallas y, por mucho que luchara, no podía soltarse. La batalla fue épica: el salmón daba saltos mortales para tratar de soltarse y el pescador tiraba con fuerza. Cuando el salmón ya no tuvo fuerzas, fue izado.
Al ver el ejemplar tan magnífico que había pescado, dijo: "Este es el primer campanu, pero como ha sido un gran luchador, te devuelvo al agua". Le quitó delicadamente el anzuelo y lo depositó en el cauce del río.
Mal sabía el pobre pescador que, un par de saltos más arriba, el campanu se iba a topar con un gran oso grizzly que se lo comió sin contemplaciones.
M. D. Álvarez
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