Mientras tanto, el convento estaba hecho un desastre y la salud de las siete hermanas preocupaba a la madre abadesa. Las ventas de las yemas más deliciosas no daban para pagar las reparaciones.
Algo se le ocurriría; debía cuidar de su rebaño y de la novicia, que parecía de salud quebradiza, pero de una fe ferrea.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario