Relatos

miércoles, 5 de febrero de 2025

El pato mandarin.

El patito seguía a su madre como un perrillo a su dueño, con admiración y fascinación. Ella lo llevaba con mimo y ternura hacia aguas tranquilas, donde le mostraba cómo bucear para conseguir las más tiernas larvas. 

También le enseñó que, bajo el musgo fresco y húmedo, se encontraban las más gustosas larvas de insecto. El pequeñín fue creciendo bajo los atentos cuidados de su adorada madre. 

Cuando llegó el día en el que debía abandonar el nido, ella lo guió hasta la misma laguna, donde le enseñó a bucear y le mostró lo hermoso que era. Él se vio reflejado por primera vez; vio su suntuoso plumaje de vivos colores. Era la viva imagen de su padre, un verdadero pato mandarín macho.

El patito, ahora consciente de su espléndido plumaje, sintió una mezcla de emoción y nerviosismo. Mientras su madre lo animaba a sumergirse en el agua, él dio un pequeño salto y se zambulló. Al principio, el agua lo envolvió como un abrazo fresco, pero pronto comenzó a sentir la libertad de moverse con gracia.

Buceando bajo la superficie, descubrió un mundo lleno de colores vibrantes y criaturas fascinantes. Los peces danzaban en cardúmenes y las plantas acuáticas se mecián suavemente con el vaivén del agua. Cada vez que emergía, sentía cómo la confianza crecía en su interior.

Un día, mientras exploraba un rincón más profundo de la laguna, se encontró con un grupo de patos mandarines que jugaban alegremente. Intrigado por sus risas y juegos, decidió acercarse. Al instante, se sintió acogido por ellos, como si fueran viejos amigos.

"¡Hola! ¿Eres nuevo aquí?" le preguntó una hermosa patita de brillantes plumas anaranjadas.

"Sí," respondió el patito con timidez. "Estoy aprendiendo a bucear y a disfrutar de este hermoso lugar."

Los nuevos amigos le mostraron trucos para bucear más profundo y cómo jugar en la superficie. Juntos exploraron cada rincón de la laguna, creando recuerdos inolvidables.

Sin embargo, en su corazón siempre llevaba consigo las enseñanzas de su madre: el amor por la naturaleza y la importancia de cuidar de los demás. Así que decidió que siempre compartiría sus aventuras con ella.

M. D.  Álvarez 

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