Su valentía y coraje eran evidentes, su impulso y fogosidad inigualables. Pero lo que a ella más le atraía de él era su sinceridad y perseverancia.
Lo puso a prueba más de cincuenta veces y él cumplió con los objetivos en todas ellas. Se acercaba el día en el que debía decidir con quién quedarse, aunque para ella lo tenía muy claro: siempre estuvo en su punto de mira. Lo elegiría a él como compañero sin dudarlo.
La amaría siempre y nunca rechazaría acostarse con ella cuando ella le dijera al oído las palabras mágicas.
Ella lo escogió porque ya lo conocía y sabía que sería un padre ejemplar y apasionado. La colmaría de atenciones.
M. D. Álvarez
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