Relatos

miércoles, 22 de enero de 2025

Una bala por ella, 2da parte.

Después de llegar al hospital, los médicos se apresuraron a atender al herido. La bala había atravesado su hombro, pero por suerte no había dañado ningún órgano vital. Mientras esperaban en la sala de espera, ella se sentó junto a la cama y lo miró con preocupación. Su amigo estaba pálido y sudoroso, pero seguía inconsciente.

El otro amigo, el que había hecho el comentario jocoso, se acercó a ella. Tenía una expresión seria en el rostro.

—¿Cómo está? —preguntó.

Ella suspiró y se pasó una mano por el cabello.

—No lo sé. Los médicos dicen que está estable, pero no han podido sacar la bala todavía. Tienen que hacer una cirugía.

El amigo asintió y se sentó en la silla junto a ella.

—Hiciste lo correcto al detener la hemorragia. Si no hubieras estado allí, no quiero ni pensar qué habría pasado.

Ella sonrió débilmente.

—Solo hice lo que cualquiera habría hecho por un amigo.

El tercer amigo llegó corriendo a la sala de espera, con los ojos desorbitados.

—¿Cómo está? ¿Qué pasó?

Ella se levantó y lo abrazó.

—Está vivo, gracias a Dios. Pero necesita cirugía. La bala está cerca del hueso y no quieren arriesgarse a dañar los nervios.

Los tres amigos se quedaron en silencio durante un momento, procesando la gravedad de la situación. Luego, el amigo que había llamado a la ambulancia habló.

—Tenemos que encontrar a quien disparó. No podemos dejar que se salgan con la suya.

Ella asintió.

—Lo sé. Pero primero, debemos asegurarnos de que nuestro amigo se recupere. Después, iremos tras ellos.

La sala de espera se llenó de tensión y determinación. Los cuatro amigos sabían que esta no sería la última vez que se enfrentarían a la violencia en las calles. Pero estaban dispuestos a luchar por su ciudad y por la amistad que los unía.

M. D. Álvarez 

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