Relatos

domingo, 5 de enero de 2025

La violinista y el lobo. 2da parte.

El lobo dorado, con ojos que brillaban como estrellas, se convirtió en su fiel compañero. Aunque no podía hablar en palabras humanas, su mirada expresaba gratitud y amor. La violinista, cuyo nombre era Gaelia, lo llamó "Aureo", en honor a su pelaje dorado.

Las noches se volvieron mágicas. Gaélia y Aureo compartían secretos bajo la luz de la luna. Ella le contaba historias de su vida antes de encontrarse con él en el bosque, mientras él la escuchaba con atención, sus oídos puntiagudos girando hacia ella.

Un día, Gaelia descubrió que las notas de su violín tenían un efecto especial en Aureo. Cuando tocaba una melodía triste, sus ojos se llenaban de lágrimas. Cuando interpretaba una canción alegre, su cola se movía con entusiasmo. La música los conectaba de una manera que trascendía las palabras.

Sin embargo, la maldición que pesaba sobre Aureo seguía presente. Solo podía asumir forma humana durante la luna llena, pero solo por unas horas. En esas noches, él y Gaelia bailaban entre los árboles, sus risas llenando el aire.

Un invierno, cuando la nieve cubría el bosque, Aureo no apareció en el claro.Gaelia tocó su violín con desesperación, esperando verlo surgir de entre los copos blancos. Pero él no llegó. Las lágrimas se mezclaron con las notas, y el bosque pareció llorar con ella.

Pasaron semanas, y Gaelia se aferró a la esperanza. Finalmente, en una noche estrellada, Aureo regresó. Su forma humana era frágil, pero su sonrisa era radiante. Le explicó que había estado atrapado en una trampa de cazadores y que solo su amor por la música lo había mantenido con vida.

Gaelia prometió protegerlo siempre. Juntos, buscaron una manera de romper la maldición. Viajaron a las montañas más altas, donde los ancianos sabios les revelaron un antiguo hechizo. Pero para liberar a Aureo, Gaelia debía sacrificar su habilidad para tocar el violín.

Ella tomó su decisión. En una última serenata, tocó la melodía más hermosa que jamás había creado. Las notas se elevaron hacia el cielo, y Aureo se transformó en un hombre de carne y hueso. Sus ojos dorados ahora eran ojos humanos, llenos de gratitud y amor.

Gaelia nunca volvió a tocar el violín, pero su amor por Aureo llenó su vida. Juntos, exploraron el mundo, compartiendo risas y aventuras. Y aunque la música se silenció, su historia se convirtió en una leyenda que perduró a través de los siglos.

Y así, en el claro del bosque, donde las melodías mágicas resonaban, dos amantes unidos por la música encontraron su felicidad eterna.

M. D. Álvarez 

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