Relatos

miércoles, 8 de enero de 2025

El reino de las sombras.

Con aquella pantalla desintonizada y un sonido blanco, logró percibir una voz de ultratumba. Su oído estaba especialmente entrenado para percibir lo que los demás no lograban ni atisbar. La voz sonaba aterradora y hostil; él sabía que debía de haber un portal interdimensional cerca, sino era más que improbable que aquella voz se hubiera colado en nuestro mundo.

"¿Qué quieres?, preguntó él con paciencia. Lo que le respondió lo alteró, ya que oyó claramente cómo decía: "A ti".

Su experiencia con entes del otro lado le había otorgado los nervios de acero necesarios para soportar la presión. Volvió a preguntar, pero esta vez cambió la pregunta.

"¿Qué quieres de mí?"

"Tú sabes lo que quiero", respondió la voz, que sonó mucho más sinuosa.

De pronto, supo de quién se trataba: era el amor de su vida, que había desaparecido hacía dos años en una expedición a la mítica cima del cerro Coatepec, donde, según cuentan las leyendas, nació el dios Huitzilopochtli. Tan enigmático cerro encerraba un aterrador significado: el cerro de las serpientes, donde una serpiente de cascabel muda la mordió. Entre dolores y sufrimiento, halló la muerte de su bienamada. La añoraba tanto que utilizó su don para localizar portales al otro mundo, buscando incansablemente algún eco de ella.

Por eso, viajo al misterioso cerro donde los antiguos pobladores vieron portentosos fenómenos en el cielo y donde, en los primeros tiempos, se cuenta que nació el dios Huitzilopochtli.

El hombre, con el corazón en un puño, se enfrentaba a una elección imposible. La voz que emergía del abismo le pedía algo que él no sabía si estaba dispuesto a dar. ¿Qué podía ofrecerle a su amada más allá de la vida? ¿Qué secreto guardaba el cerro Coatepec que ahora se revelaba ante él?

La noche era densa y fría, como si el propio universo se resistiera a desvelar sus misterios. El hombre cerró los ojos y se concentró en el recuerdo de su amada. Su risa, su mirada, los momentos compartidos en la cima de aquel cerro. ¿Qué había ocurrido allí? ¿Por qué ella había desaparecido sin dejar rastro?

La voz volvió a susurrar, más insistente esta vez: "Tú sabes lo que quiero". El hombre sintió un escalofrío recorrer su espalda. No podía ser casualidad que la voz se manifestara justo en este lugar, en este momento. El cerro Coatepec era un punto de convergencia entre mundos, un lugar donde las dimensiones se entrecruzaban. ¿Había algo que él pudiera hacer para traerla de vuelta?

Decidió arriesgarse. "¿Qué debo hacer?", preguntó con voz firme.

La respuesta fue un susurro que parecía arrastrarse desde las profundidades del abismo: "Ofrece tu memoria más preciada. El recuerdo que atesoras por encima de todo".

El hombre vaciló. ¿Qué recuerdo podría ser tan valioso como para recuperar a su amada? Revivió momentos felices, tristezas compartidas, pero ninguno parecía suficiente. Hasta que recordó aquel día en la cima del cerro, cuando ella le había confesado su amor. Ese instante, con el sol poniéndose detrás de las montañas, había sido el más hermoso de su vida.

"Ofrezco mi recuerdo de aquel atardecer", anunció. "El día en que ella me dijo que me amaba".

La voz se hizo más intensa, vibrando en su mente. "Acepto tu ofrenda. El portal se abrirá. Pero ten en cuenta que no hay garantía de que ella regrese tal como la recuerdas".

El hombre asintió, dispuesto a enfrentar cualquier consecuencia con tal de tenerla de vuelta. El cerro Coatepec tembló, y un resplandor dorado surgió del suelo. El portal estaba abierto.

Sin dudarlo, el hombre se adentró en la luz, dispuesto a desafiar las leyes del tiempo y el espacio por el amor perdido. .

Huitzilopochtli, como hijo de Tonatiuh, tenía el dominio del sol y la luna. Controlaba el reino de las sombras y le otorgó el permiso necesario para transitar el mundo de las sombras y así encontrar a su amada.

Y así, con el corazón latiendo con fuerza, cruzó el umbral hacia lo desconocido.

M. D. Álvarez 

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