Relatos

domingo, 15 de diciembre de 2024

Dolor infinito

Su especie era muy resistente al dolor y él era el único que se prestó a aquella misión. Lo último que supieron de él fue que desapareció en un portal multidimensional. Sentía su corazón arder, pero podía controlar su dolor; aunque estuviera encadenado, no podían dañarlo, o eso creía. De pronto, una onda de choque impactó sobre él, sumergiéndole en una agonía de dolor. 

Ella lo percibió y supo que algo no iba bien; debía encontrarlo y traerlo de nuevo, pero solo recibía leves retazos de dónde podía encontrarse y solo lo percibía cuando su cuerpo se retorcía de dolor. "Aguanta, amor mío", pensó. "Te encontraré, aunque sea lo último que haga". 

Buscó las últimas coordenadas que percibió y encontró el portal. Sus amigos quisieron que desistiera, que lo más seguro era que estuviera muerto. Les lanzó una mirada furibunda y se adentró en aquel mundo oscuro y nefasto. 

Lo encontró encadenado férreamente al suelo. Se acercó corriendo, lo abrazó y besó, pero no reaccionaba.

 ¿Había llegado tarde? Percibió un leve latido; aún estaba vivo, pero aquel mundo era aterrador e inhóspito. 

Había traído un láser portátil y corto las cadenas. Le ayudo a levantarse y lo trajo de nuevo al portal. Se giró y vio cómo las ondas seguían impactando en el mismo lugar donde él estaba sujeto. 

Si hubiera recibido otro impacto más, seguramente él estaría muerto. Una vez al otro lado, y a pesar de todo el dolor que le habían causado aquellas ondas, seguía siendo él su compañero de fatigas, pero algo había cambiado: la amaba y ella también lo amaba. Su comunicación no verbal o intuición los hacía únicos e inseparables.  

M. D. Álvarez

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