Relatos

jueves, 28 de noviembre de 2024

El último hombre lobo.

A pesar de ser un joven apuesto y gentil, tenía su lado salvaje y terrorífico. Guardaba un secreto en su sangre: corría la estirpe de Licus, el primer hombre lobo de la historia de la humanidad. 

Él era su último descendiente vivo. Su genealogía estaba plagada de historias aterradoras de masacres y asesinatos macabros. Él luchaba por cambiar sus ansias de devorar y descuartizar. Sus instintos primarios pugnaban por salir cada noche de luna llena, pero él lograba contenerlos a costa de su salud, muy a su pesar. Un día, su estirpe se abriría paso sin que él pudiera impedirlo y camparía a sus anchas todos los días de luna llena.

Mientras tomaba el sol en la piscina, se le acercó una bella señorita de ojos verdes que lo cautivó al momento. Sintió que su lobo interior se relamía de gusto, pero no lograría vencer el tesón y la valentía de él. Serían lo suficientemente fuertes para contenerlo y no dejarlo salir. Ella lo observaba con admiración y deseo. Él también la deseaba, pero mantenía las distancias. No podía controlar a aquella bestia salvaje cuando ella lo tocaba.

Una noche, mientras él dormía, ella se coló en su habitación y lo observó dormir plácidamente. Tuvo unos deseos irrefrenables de acostarse con él. Lo que ocurrió a continuación fue que su sangre de Licus lo poseyó y, tomándola con suavidad y ternura, la amó de mil maneras hasta que el amanecer lo despertó y la vio a su lado, dormida dulcemente. 

Había concluido su ciclo reproductivo con la joven más encantadora que jamás había conocido. La amaba y cuidaría de ella hasta el último día de su vida.

M. D. Álvarez 

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