Era la fecha de su cumpleaños y no podía estar con ella, pero la llamó con un teléfono vía satélite.
—Hola, mi vida, siento no poder estar contigo en tu día, pero te lo compensaré con creces —dijo dulcemente.
—¿Estás bien, cariño? No te preocupes, tan solo quiero que vuelvas sano y salvo —le pidió suplicante.
—Haré lo que pueda, cielo. Vuelvo en dos semanas. Te quiero, mi amor. ¡Feliz cumpleaños! —dijo, viendo que su sargento se acercaba. —Tengo que colgar, amor mío. Intentaré llamarte otro día. Te quiero.
—Mi capitán, partimos ya —dijo el sargento con un rictus de preocupación.
—Tranquilo, sargento, es una misión de observación.
—Sí, mi capitán —se cuadró y saludó.
Avanzaron por la sofocante jungla hasta el enclave recién descubierto: eran unas megaruinas con enormes muros de contención y esculturas aberrantes y dantescas. Tomaron cientos de fotografías y regresaron al campamento base.
—¿Cómo definirías lo que hemos visto, sargento?.
—Como algo que no deberíamos compartir con nadie", dijo visiblemente asustado.
—Regresamos a casa, no te preocupes. Cargaron con todo el material fotográfico y el equipo de campaña.
A su regreso, despachó el informe con su comandante, que le agradeció la información aportada.
—Te mereces unas vacaciones, cógete 20 días de permiso.
Continuará...
M. D. Álvarez
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