Relatos

martes, 17 de septiembre de 2024

La tetera. Segunda parte.


El aroma del té llenaba la habitación mientras ella sostenía la taza con delicadeza. Sus ojos brillaban al mirar la tetera, y su sonrisa me hizo sentir que había tomado la decisión correcta al invitarla. 

Hablamos de nuestras madres, compartiendo historias y risas. La tetera, ahora más que un objeto, se convirtió en un símbolo de conexión y esperanza. 

En ese momento, supe que mi madre estaría orgullosa de mí. Y así, entre susurros y sorbos, comenzamos a escribir nuestra propia historia.

M. D.  Álvarez 

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